#EU60: Sesenta años de construcción europea

October 16, 2017

 

Cuando se visita la ciudad de Barcelona, se puede contemplar la magnificencia de la obra, aún en construcción e inacabada, de la Basílica de la Sagrada Familia, del maestro Antoni Gaudí.  Su edificación inició hace ya 145 años, y se espera que esté acabada en unos quince o veinte años más.  Aún y cuando esté en construcción, cualquiera que visite Barcelona puede admirar su imponencia y arquitectura única, y maravillarse de esta obra en proceso.

 

Igualmente admirable, atrevida e ingeniosa es la construcción, también en proceso e inacabada, de otra opera magna del viejo continente, que en estos días cumple sus 60 años.  La Unión Europea, como se le conoce hoy, nace oficialmente en el año de 1957 en Roma, con la firma del tratado homónimo que establece por primera vez una organización supranacional, con competencias propias y relevadas a los Estados Miembros, en aras de establecer una comunidad económica.  En ese momento constituyen la comunidad europea Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Italia y Alemania.

 

Hay que situarse en el contexto de la época para contemplar lo extraordinario de esta génesis comunitaria; había solo pasado una década desde la peor guerra que la humanidad hubiera conocido, y sin embargo las naciones europeas vencedoras y vencidas dejaban atrás sus divisiones para adentrarse en un proyecto de unidad y solidaridad común, cediendo libremente parte de sus competencias soberanas a una “Haute Autorité” por encima de cada una, pero conformada por todos.  Se introducía, por sobre todo, un concepto clave en la visión de integración europea: el de una comunidad.

 

Con el tratado de Roma, se sentaron las bases institucionales y orgánicas de lo que es hoy la Unión Europea y se introdujeron las reglas y principios fundamentales de las libertades intraeuropeas que sostendrían el mercado común: libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales.

 

Pero ese fue solo el inicio, y con el pasar de los años, las épocas y la historia, las Comunidades Europeas (del Carbón y del Acero, de la Energía Atómica, y Económica) se convirtieron primero en una sola Comunidad (la "C.E.”), y luego en los años noventa se integraron a un proyecto más amplio conocido como la Unión Europea.  

 

Esta breve reseña no estaría completa sin poner de relieve el componente jurídico comunitario que constituye el cemento o pegamento de la edificación europea.  No se trata solo de los distintos tratados (el último, el de Lisboa del 2009) que van modelando los grandes rasgos, ampliaciones y nuevas secciones, sino de las directrices y de los reglamentos dictadas por los órganos comunitarios supranacionales, y de acatamiento obligatorio con efectos directos sobre los ciudadanos europeos; así como la jurisprudencia de la Corte Comunitaria, cuya importancia no deja de crecer en temas tan importantes como protección al ambiente, ciudadanía europea, derechos humanos, libre comercio, beneficios sociales y derecho de competencia.

 

Como toda construcción de una obra monumental, la Unión Europea ha enfrentado muchos retos, críticas y altibajos. Las últimas dos décadas han sido particularmente complejas para la UE, con la ampliación a 28 países y absorción de casi todos los países de Europa oriental (ex repúblicas soviéticas), la crisis del euro y las presiones suscitadas en las economías fallidas de algunos de sus miembros, siendo la más sonada la de Grecia, el rechazo mediante referendo del proyecto de constitución europea y el reciente BREXIT.  A esto se suman las tensiones políticas con los cercanos conflictos al este y en el mediterráneo (Ucrania, Turquía y el conflicto sirio), la presión social de la inmigración desde África y Medio-Oriente, y la omnipresente amenaza terrorista que continúa flagelando a las principales capitales europeas.  Pese a los reveses y dudas de tiempos recientes, nada despreciables, las bases de la UE son sólidas y sus frutos, innegables: sigue siendo el mercado único más importante a nivel global, con una población que sobrepasa 500 millones de habitantes, y una de las economías más robustas del planeta.  Una unión, que además ha redundado en grandes beneficios y prosperidad acelerada para muchos de sus más jóvenes Estados-Miembro, bajo una premisa de solidaridad entre naciones muchas veces pasada por alto.

 

No es de extrañar, entonces, que los ánimos estuviesen de fiesta en varias ciudades europeas a mediados de este año, pues con el sexagésimo aniversario del Tratado de Roma se celebra también una historia en desarrollo de paz como nunca antes vista en una Europa, otrora dividida y ahora unida, con generaciones enteras que no han conocido un conflicto bélico dentro de sus fronteras; una Unión Europea cuyos líderes se declaran con ganas de seguir avanzando,  pese al siempre presente euroescepticismo, con una fe renovada en el proyecto europeo, y sobre todo, con una identidad común bien definida. 

 

Ya lo decía el gran y visionario arquitecto de la idea europea, Robert Schuman, en su famosa declaración: “Europa no se hará de un solo golpe, ni en una sola construcción: se irá haciendo a través de realizaciones concretas que creen, primero, una solidaridad de hecho”.  

 

*El autor es abogado, máster en derecho europeo, miembro de la Asociación Costarricense de Derecho Internacional y ha sido profesor de derecho internacional público de la UCR.  Contacto: cangulo@blplegal.com

 

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